IGLESIA DE CUMANACOA
Al Sur de Arenas, en medio del dilatado valle que atraviesa el río Manzanares, se encuentra Cumanacoa, la segunda ciudad del Estado Sucre en importancia demográfica, comercial e industrial.
En sus orígenes tuvo un nombre resonante y una figuración excepcional. San Baltasar de los Arias se llamó, fue uno de los primeros pueblos de la Nueva Andalucía y centro de las primeras misiones aragonesas, a las cuales debemos atribuir su fundación
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La Iglesia de San Baltasar de los Arias del Valle de Cumanacoa, se comenzó a construir en 1780, siendo el Alcalde la Ciudad, Don Miguel Velásquez. Debido a la guerra de independencia el templo queda inconcluso, para ser terminado casi un siglo después, en 1898, por el padre Rafael Mora. En el Archivo Parroquial de la Iglesia de Santa Inés de Cumaná se conserva el manuscrito que reseña la visita del Oidor del Crimen del Rey Juan Luis de Chávez, quien visitó a Cumanacoa en 1783, y, entre otras actividades, realizó un inventario de los bienes que para la época poseía la Iglesia. Este documento, fuente primaria de la investigación histórica, refleja la importancia de este Templo. En la descripción que hace Graziano Gasparini, profesor de la cátedra de Arquitectura Precolombina y Colonial de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad Central de Venezuela, señala:
“La planta de la actual Iglesia, la misma del primer proyecto de fines de siglo XVIII, es de notables dimensiones. Su rectángulo mide 16.90 x 38.70 mts. Al contrario de las de Arenas, las dos torres están a los pies de las naves laterales y guardan la misma anchura de las de aquéllas. Es un raro ejemplo de torres inscritas en el perímetro rectangular del conjunto, la nave central es espaciosa: mide 7.20 metros de ancho, mientras que en las laterales sólo tienen 3.88. Las naves se dividen entre sí por una serie de cinco arcos de medio punto sobre pilastras de ladrillos escasamente decoradas. Una fuerte moldura marca el trasdós de los arcos. El techo, construido a fines del siglo pasado (XIX) es de dos aguas.
El del presbiterio es más elevado y a pabellón. (…) De la fachada solamente es colonial el primer cuerpo de las torres y la portada. Esta, como los laterales, tiene las dos pilastras, pero, contrario a aquellas, con entablamento. Arriba de este existe un segundo cuerpo de sabor muy clásico. De interés es la ventana que da luz al coro, por tener un arco mixtilíneo de composición barroca. “